Desarmar la anti-negritud juntos

Desarmar la anti-negritud juntos

8 junio 2020

 por la Dra. Lorgia García-Peña


Originalmente publicado en inglés en NACLA (North American Congress on Latin America). Traducido por Kim Potowski con el permiso de la autora.

El 3 de junio, un grupo de manifestantes, en su mayoría dominicanxs, marcharon sobre la calle Dyckman en Nueva York para demostrarse en contra de los saqueos que habían destruido varios pequeños negocios con dueñxs inmigrantes en el Bronx y Manhattan. La noche anterior, se filmó las actividades de un grupo, mayoritariamente hombres dominicanos, ahuyentando a otro grupo de supuestxs (supposed) saqueadores de su vecindad. La grabación, que se llegó a ver más de 100,000

veces, subrayó las tensiones raciales entre lxs americanxs negrxs y lxs dominicanxs en esta zona de Manhattan. El video y las protestas anti-saqueo que lo siguieron convirtió a #Dominicans en un hashtag para actitudes anti-negras en los medios sociales. Los memes declarando que lxs dominicanxs “no saben que son negros” inundaron a Twitter, mientras que se hicieron unas llamadas serias para “cancelar a los dominicanos” y desafiar las actitudes anti-negras entre los latinx. Han transcurrido escenas parecidas a esta de la calle Dyckman por todos los Estados Unidos, llegando a confrontaciones entre latinx y afro-americanxs y revelando actitudes anti-negras entre lxs latinx.

 

Algunxs críticxs han expresado cierta sorpresa que puedan existir actitudes anti-negras dentro de la comunidad latina. Pero la anti-negritud es una pandemia que afecta a todas las naciones. Expresar sorpresa que exista la anti-negritud dentro de las comunidades latinas – sean dominicanas, puertorriqueñas o mexicanas – muestra una falta de comprensión de los origines del racismo. Es creer que las acciones individuales, como por ejemplo cuando unx policía mata a un hombre negro, existen aisladamente y pueden ser remediadas condenando a esx oficial de policía. Si fuera así, acabar con el racismo sería más fácil. Pero lo que apoya al racismo es precisamente el hecho de que no reside en las elecciones individuales, sino en un sistema que sostiene toda y cada una de nuestras instituciones. El racismo moldea no solamente las acciones de las personas sino, de manera más peligrosa, las respuestas colectivas, cívicas, gubernamentales y oficiales en la vida cotidiana, desde las infracciones de tránsito hasta las admisiones universitarias e incluso qué mamás se atienden en el hospital durante el parto y cuáles se dejan morir, qué niñxs se disciplinan más en las escuelas, qué peinados se consideran “apropiados”, qué individuos se consideran “demasiado ruidosos/enojados” o quiénes pueden correr, tomar una siesta, leer, y observar pájaros en paz. El racismo y su padre, la supremacía blanca, se arraigan en cada fibra de nuestro mundo cotidiano. Erradicarlo significa que tenemos que confrontar directamente las estructuras que sostienen cada acción racista, tanto individuales como colectivas.

Las manifestaciones en contra de los saqueos en la calle Dyckman – desde la expulsión de lxs supuestxs saqueadores afro-americanxs por un grupo de dominicanxs negrxs y de color que se vieron en el video, hasta la manifestación posterior de parte de individuos (en su mayoría) dominicanos negros y de color – se basaron en una falta de comprensión general del hecho de que la negritud es una categoría global de opresión. El hecho de que los medios de comunicación describiera a lxs dominicanxs como “expulsando a gente negra” malinterpreta y borra el hecho de que lxs que “expulsaban”, además de ser dominicanxs, también eran negrxs.

Una historia colonial

En la República Dominicana, como en los Estados Unidos, el racismo es fundacional para la nación. Un país mayoritariamente negro y mulato, es el lugar donde nació la esclavitud y también el primer levantamiento en las Américas de personas esclavizadas

. Como víctima de un triple colonialismo de España, Francia y Estados Unidos, la República Dominicana tiene una complicada historia de identidad racial, que además se influye fuertemente por el hecho de que comparte la isla con Haití, la primera república negra.

En el contexto de la anti-negritud global de los años 1800, que frecuentemente se articulaba a través del desprecio y el miedo hacia Haití como lugar de nacimiento simbólico de la libertad negra, lxs líderes élites blancxs de la joven República Dominicana reconocían que para ser aceptada como nación, tenían que mostrarse diferentes a Haití: se tenían que presentar como de ‘raza mezclada’ en vez de ‘negrxs’. En las manos de lxs blancxs élites, este miedo racial formó las instituciones, la literatura, la historia y la cultura del país, borrando las vidas y las historias negras así como el amplio legado de resistencia dominicana negra anticolonial.

Desde el comienzo de la nación dominicana en 1844, el mundo entero y en particular Estados Unidos ha exigido que se demuestre menos negro y más blanco que Haití. En el año 1845, por ejemplo, el gobierno de EE.UU. envió una comisión para asesorar la habilidad del país de autogobernarse. Declararon que, a diferencia de Haití, contaba con “suficientes ciudadanxs blancxs” para hacerlo exitosamente. En 1871, poco después de la emancipación de las personas esclavizadas en Estados Unidos y la aprobación de la Decimocuarta Enmienda, el presidente Ulysses S. Grant lanzó una campaña para tomar posesión de la República Dominicana y mandar allá a los individuos negros estadounidenses para que vivieran “una vida plena” separados de los blancos – y consideró que la República Dominicana y su “población de raza mixta” era mejor opción que la negritud de Haití.

El legado colonial

El efecto más violento, destructivo y duradero del colonialismo estadounidense ha sido la conceptualización de las luchas de la gente latinoamericana colonizada – negra, de color, indígena, asiático – como aparte de y, a veces, contradictorias a la libertad negra en Estados Unidos en vez de lo que realmente son: luchas mutuas y entremezcladas por la liberación y la democracia. Es precisamente este malicioso resultado del colonialismo que impulsó a lxs dominicanxs en Nueva York a organizar protestas en contra de los saqueos, a pesar de que ellxs mismxs experimentan la violencia de la anti-negritud en sus vecindarios y en la propia piel.

La lógica del capitalismo racial-colonial divide a las personas negras del mundo basado en sus identidades étnicas y nacionales. Borra la posibilidad de reconocer que las luchas de lxs inmigrantes negrxs y de color están conectadas con las de la gente negra afro-americana, que la negritud y la anti-negritud trascienden la identidad nacional. Al apoyar la supremacía blanca, oculta el legado del colonialismo. Y calla la lucha histórica negra por su propia liberación. Divide a la gente y reproduce la opresión.

Otro efecto de varios siglos del capitalismo racial-colonial fue la masiva emigración de dominicanxs pobres – en su mayoría negrxs – a los Estados Unidos. Pero aquí en la diáspora otra vez más experimentan que se les borre: son ‘demasiado negrxs’ para ser aceptados entre muchxs latinx pero ‘demasiado extranjerxs’ para ganarse la ‘americanidad’ negra o blanca. Esta doble exclusión de la gente dominicana es común en la experiencia de la afrolatinidad en este país. De hecho lxs latinx negrxs forman uno de los grupos más vulnerables en Estados Unidos. La práctica común de referirse erróneamente a “latinx” como un grupo racial, en vez de una agrupación arbitraria de personas étnicamente y racialmente diversas que trazan sus orígenes hasta el continente latinoamerican, sirve para borrar aun más los latinx negrxs de literalmente todos los espacios, instituciones y posibilidades de representación. Somos una minoridad invisibilizada dentro de otra minoridad. Pero esa invisibilidad no nos protege de ser víctimas no solo de policías racistas sino también de autoridades del control de la inmigración. La gente latina negra ejemplifica perfectamente la intersección de la anti-inmigración y la anti-negritud en el mundo de hoy.

Qué hacer, entonces? Hace falta reconocer que la lógica colonial que convenció al mundo de que era perfectamente aceptable capturar y esclavizar a seres humanos africanos e indígenas para beneficiarse económicamente es la misma que hoy oprime a lxs ‘inmigrantes’ como categoría de sub-humanxs que ‘no deben de estar, y a los sujetos inmigrantes racializados como cuerpos consumibles y desechables sin historia, como algún tipo de extranjero al estado-nación al servicio de la maquinaria capitalista global. O, como lo dijo Angela Davis: “La manera actual de hablar sobre los ‘inmigrantes’ viene de y alimenta los racismos del pasado, los racismos que han afectado a las personas de ascendencia africana y a los individuos nativo-americanos.” Entonces hace falta comprender que las dos luchas – por la liberación negra y por los derechos de los inmigrantes – están entrelazadas y deben de enfrentarse juntas. Esto implica reconocer:

·    que existe el racismo dentro del proyecto de la latinidad entre muchxs latinx;
·    que la etiqueta “latinx” falla porque deja fuera nuestra negritud;

·     que lxs latinx debemos defender las vidas negras todos los días y en todas las luchas.

La mejor arma contra la desigualdad y la supremacía blanca es insistir en nuestras intersecciones: en interactuar, unirnos, comprometernos y apoyar cada lucha como si fuera nuestra porque de veras lo es: toda violencia y exclusión sostiene a las demás. Desarmar una injusticia requiere que desarmemos todas. Las opresiones de la gente negra – de mujeres negras, personas LGBTQ negras y migrantes negrxs – se tienen que enfrentar juntas.

 

Las vidas negras importan. Las mujeres negras importan. La gente LGBTQ negra importa. Lxs inmigrantes negrxs importan. Lxs refugiadxs negrxs importan. Los latinx negrxs importan.

 


cien mil

La primera rebelión de personas esclavizadas se llevó a cabo contra los españoles en el año 1532 (aproximadamente) bajo el liderazgo de Sebastián Lemba, nacido en África.